Ofrecimiento de Obras
La ofrenda matutina. Compuesta por el P. François-Xavier Gautrelet, S.J., en 1844 y difundida por el Apostolado de la Oración.
Oh Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, te ofrezco mis oraciones, obras, alegrías y sufrimientos de este día, en reparación de nuestros pecados y por todas las intenciones por las que ruega tu Sagrado Corazón. Amén.
El Ángelus
Rezado tradicionalmente por la mañana, al mediodía y al atardecer, recordando la Encarnación. Un Ave María sigue a cada uno de los tres primeros versículos.
V. El ángel del Señor anunció a María.
R. Y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
— Dios te salve María…
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
— Dios te salve María…
V. Y el Verbo de Dios se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
— Dios te salve María…
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
ORACIÓN. Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que cuantos, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz lleguemos a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Secuencia de Pentecostés (Veni Sancte Spiritus)
La secuencia de Pentecostés — distinta de la oración breve anterior.
Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres, ven, dador de gracias, ven, luz de los corazones.
Consolador magnífico, dulce huésped del alma, su dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga, brisa en el estío, consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima! llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado, riega lo que está árido, sana lo que está herido.
Dobla lo que está rígido, calienta lo que está frío, endereza lo que está extraviado.
Concede a tus fieles, que en Ti confían, tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales la felicidad eterna. Amén.
Acto de Contrición
Expresión del dolor por el pecado, rezado por la tarde y en el sacramento de la Confesión.
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
El Credo de los Apóstoles
El antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, rezado al comienzo del Rosario y en la profesión de fe.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
El Credo de Nicea-Constantinopla
El símbolo de los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381), rezado en la Misa dominical.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
El Examen de Conciencia (por la tarde)
No es un texto fijo, sino un breve repaso orante del día. Un patrón sencillo y tradicional:
- Da gracias a Dios por las gracias y los dones del día.
- Pide al Espíritu Santo luz para ver el día con sinceridad.
- Repasa el día hora por hora — pensamientos, palabras, obras y omisiones.
- Haz un Acto de Contrición por lo que faltó.
- Propón, con la gracia de Dios, comenzar de nuevo mañana.